¿Cuándo empezaremos la revolución azul?

Desde hace mucho tiempo se ha visto a la acuicultura como la “revolución azul” que permitirá poder seguir abasteciendo a una población mundial creciente y con mayor poder adquisitivo, gracias al desarrollismo que se viene produciendo en las últimas décadas en los países emergentes. Sin embargo dos regiones del planeta como Europa y Latinoamérica, por distintos enfoques, están viendo pasar la oportunidad de subirse a esta revolución.

Hasta ahora, la industrialización de la acuicultura se veía como un futuro cercano, que llegaba con cuentagotas, con resultados desiguales y con especices de éxito como el salmón en Noruega y Chile; el langostino en Asia y Latinoamérica; o la dorada y la lubina en el Mediterráneo.

Pero eso que hace 20 años se veía como algo que llegaría, ya está aquí, se ha universalizado. Ya se habla del panga o la tilapia como los pollos del mar.

El mundo ha cambiado de manera vertiginosa para los países industrializados. Ha sido cuestión de un lustro que hemos visto como las economías desarrolladas se han estancado. Por el contrario, una gran parte de los países emergentes de Latinoamérica y Asia han seguido su crecimiento, poblacional y de rentas, lo que les permite a sus ciudadanos acceder a proteína de mayor valor y ácidos grasos más sanos, como los que proporcionan los pescados y mariscos.

Seguimos con las pesquerías a su límite o por encima de él. Si no queremos perder esa calidad y cantidad proteíca que llegue a la mesa, solo queda producirla mientras mantenemos los stocks salvajes. La acuicultura es la única actividad productiva capaz de garantizar el suministro sin que se disparen los precios. De nada sirve ganar más, si lo que quieres adquirir sube también de precio.

Todas las regiones del planeta están afrontando de manera distinta esta “revolución azul”. En Europa, la actividad está perdiendo fuelle por la burocratización a la que nos estamos sometiendo los europeos. Nos falta definir bien nuestras prioridades. No es solo un problema de la acuicultura, es un problema que va más allá. Tecnologicamente quizá sea el continente mejor preparado para asumir la revolución azul. Sin embargo algo falla porque no está ocurriendo.

Latinoamérica, por el contrario, tiene grandes posibilidades para convertirse en el huerto marino que abastesca tanto a las poblaciones locales como a gran parte del planeta. Pero el capitalismo extremo, con bajo peso de los Estados en el desarrollo de su sociedad está permitiendo que la acuicultura se oriente hacia la exportación y a satisfacer la demanda de los mercados de EE.UU, Japón y Europa; y se está olvidando que detrás del desarrollo de sus economías hay una clase media cada vez mayor con ganas de consumir saludables como los productos del mar.

La revolución tecnológica, científica y productiva está aun por llegar a Latinoamérica, caracterizada por bajos ratios de consumo de pescado y marisco per capita. El ciudadano está siguiendo esta revolución como “mero espectador” y eso no permite que su acuicultura no crezca a tasas mayores del 6 por ciento anual. Muy por debajo de su nivel potencial, y por debajo del 14 por ciento estimado que ha subido el precio del pescado y marisco en estos países. Es decir, está alejando del consumo a la población más necesitada de esta proteina.

¿Qué hace falta para comenzar la revolución azul?

 

Balanza comercial y granja para producción de lubinas en Mallorca

Durante mayo hemos conocido dos hechos aislados entre sí que han sido transmitidos como históricos y positivos; aunque relativamente, ya que en el fondo son la muestra de como están funcionando las cosas.

De una parte, el sector agroalimentario español está tirando del carro de las exportaciones. Hasta el punto que, la balanza comercial española, por primera vez desde hace muchísimo tiempo, es positiva. Claro, que también ha ocurrido lo mismo en Portugal. No es mérito, sino demérito. Se consume tan poco que ya ni se importa; y en la resta entre lo que sale del país, porque aquí no se consume, y lo poco que se ingresa, ha salido un resultado positivo.

De todas formas, en la producción de productos del mar seguimos siendo altamente deficitarios. No es fácil cambiar este signo, y mucho menos aún, cuando se detiene de golpe y porrazo toda la investigación en el área de acuicultura. La buena y la mala investigación, sin distinguir y sin criterio. No se podría hacer mejor para hacer caer al fondo abisal todo el conocimiento generado en los últimos años. ¿Por qué dejar caer de esta manera un sector en el que tenemos oportunidades de crecer? De momento, todos miramos para otro lado, que cada palo que aguante su vela.

De otra parte, durante esta última semana asistimos a otro hecho histórico. Por primera vez en Mallorca, y después de 10 años de trámites y burocracia, se realiza un informe favorable para la instalación en Felanixt de una granja acuícola con cuatro jaulas a más de una milla para producir lubina.

No han tardado en mostrar su rechazo a la decisión técnica la casta política que se ha apoderado de este país. Y mientras, miramos para otro lado, como si el problema no fuera con nosotros.

Preguntas y Respuestas para la Acuicultura Sostenible en Europa

La Comisión de Pesca de la UE ha publicado un comunicado en el que hace referencia a preguntas y respuestas sobre las Directrices Estratégicas para una acuicultura europea sostenible.

Entre otras cuestiones el documento intenta explicar cuales son las razones para promover la acuicultura, a qué compromete a los Estados Miembros estas directrices, cómo es el método abierto de coordinación en relación al Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP), cómo afectará la reducción de la burocrácia a la protección del medioambiente.

También las preguntas abordan el asunto de la ordenación espacial, el tan reclamado asunto de la igualdad de condiciones de los productores europeos frente a los de terceros países, cómo la investigación y desarrollo contribuyen a la competitividad de la acuicultura, o cómo este paquete de medidas prodrían beneficiar a las PYMES.

Aunque el texto se encuentra en inglés. Es importante saber qué opina la Comisión sobre la acuicultura y qué transmite a los Estados Miembros. Otro cantar será saber si le harán caso y cómo se mejora la gobernanza.

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La FAO quiere acuicultura que reduzca el hambre en el mundo

“No puede haber una verdadera economía verde sin una economía azul”. Estas palabras son de José Graziano de Silva, director general de la FAO y vienen a poner de manifiesto la necesidad de una explotación sostenible de los océanos y los recursos pesqueros.

Acabar con el hambre y combatir el impacto del cambio climático, para eso se deben hacer los esfuerzos en la sostenibilidad de la pesca extractiva y la acuicultura. Sin dejar de lado la seguridad alimentaria, algo que se puede conseguir con una acuicultura controlada.

Según los datos del representante de la FAO, 4.000 millones de personas los productos pesqueros y acuícolas suponen el 15 por ciento del aporte medio de proteínas per cápita. Además, la actividad pesquera y la acuícola emplean a 200 millones de personas en el mundo.

Esta línea es la misma que defienden desde la Unión Europea. Además coinciden en la necesidad de combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (IUU) y trabajar en la gestión de la pesca de atún y en el manejo de áreas marinas fuera de las jurisdicciones nacionales.

La meta actual gracias al impulso de la acuicultura es alcanzar el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad en 2015 la proporción de personas que padecen hambre tomando como referencia el año 1990.

En Aliaga, antes truchas ahora tomates

Una antigua piscifactoría en desuso podría convertirse en breve en un invernadero donde se criarán tomates. La idea surge en la localidad de Aliaga, en Teruel, y es la muestra clara de los problemas por los que atraviesa el sector piscícola español.

La idea es la misma que la de la piscifactoría, aprovechar el calor residual de la central de cogeneración eléctrica del pueblo propiedad de Neoelectra Alovera SLU para el cultivo de tomates.

El proyecto cuenta con el alcalde de la localidad, ya que promete cuatro puestos de trabajo directos, y algunos más indirectos, así como “muchas ventajas”.

Una pena y un motivo para reflexionar sobre lo que está pasando con la acuicultura en este país.

Las catas a ciegas dan la razón a la acuicultura

La producción de alimentos es algo que no puede quedar al azar y por supuesto, cuanto mayor y mejor sea el control más estabilidad dará a los mercados y con ello se garantizarán precios justos para los consumidores.

Eso es algo que se ha venido comprobando primero con la agricultura y más tarde con la ganadería. Por eso, estar en contra de la acuicultura es un absurdo que difícilmente se puede entender. No obstante ocurre.

Con el control de la producción además, se consiguen precios asequibles, sin contaminantes y empleando para ello materias primas de calidad controlada.

Se trata de una cuestión más de prejuicios que de sabor y así lo han comprobado los investigadores que han participado en el proyecto JACUMAR sobre “caracterización del pescado de crianza”.

En distintas catas a ciegas celebradas en las Comunidades Autónomas de Andalucía, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Cataluña, Galicia y Valencia, los consumidores participantes valoraron con mejor puntuación el pescado de piscifactoría frente al de pesca extractiva.

En total se realizaron un total de 7.511 encuestas entre consumidores de diversas edades. Las especies mejor valoradas fueron la lubina, el rodaballo, la dorada, y el besugo.

Las cuatro verdades de la acuicultura

1.- La acuicultura es la actividad agroindustrial de mayor crecimiento en el mundo y ya supone el 50 por ciento de los productos acuáticos que se consumen. Desde 1970, la actividad se ha mantenido en expansión constante de 8,4 por ciento anual.

 

2.- En un Mundo en el que la población está creciendo de manera exponencial y con el 87 por ciento de las pesquerías explotadas o agotadas, la acuicultura es la única alternativa para aumentar el suministro de alimentos acuáticos.

 

3.- China es el principal productor de especies acuáticas y concentra el 61 por ciento de los productos cultivados en el mundo. Asia en su conjunto representa el 91 por ciento.

 

4.- Dentro de los productos ganaderos, la alimentación de peces es la más eficiente en términos de conversión. Por cada kilogramo de pienso que consume un pez, como por ejemplo el salmón atlántico, este aumenta un kilogramo su peso, si la alimentación se hace de manera eficiente. Los pollos necesitan de 3 a 5 kilos de pienso para aumentar un kilo de carne. Los cerdos necesitan 8 kilos de pienso para hacer un kilo de carne.

Esto ocurre por su vida en el agua, lo que requiere un esqueleto más ligero y porque son de sangre fría.

España tendrá una balanza comercial positiva en 2014

España tendrá superávit comercial en 2014. No lo decimos nosotros, se trata de una conclusión del Instituto de Estudios Económicos.

Resulta que la balanza comercial por cuenta corriente española ha ido reduciendo su saldo negativo con la crisis, del – 9,6 por ciento en 2008, al – 2,4 por ciento en 2012. En 2014 verá por primera vez los números en verde.

No obstante, para alcanzar este objetivo de aquí al próximo año será importante saber que sucede con la evolución de la cotización del euro frente al dólar.

Ya que en estos años hemos importado menos por varias causas, entre las que se encuentran el empobrecimiento generalizado de la población, la contracción del consumo, y un euro débil, que ha permitido exportar más a terceros países.

El sector agroalimentario es uno de los que más contribuyen a la balanza comercial positiva. No obstante, no nos debemos relajar y recordar que las importaciones de pescado y marisco en España duplican a lo producido en nuestro país.

No sería nada difícil mejorar estos ratios tan nefastos con políticas que incentiven la producción, aunque de momento parece que todavía no ha llegado la hora. Antes parece prioritario el tema de Marruecos.

¿Es la solución añadir proteínas de aves y pollos a los piensos acuícolas?

Pocos expertos dudan que a los peces carnívoros la carne es lo que les va. Si es marina o si es terrestre es un asunto medianamente irrelevante; ya que, al fin y al cabo, lo que necesitan los peces son nutrientes adecuados y no ingredientes. El carnívoro carne quiere.

Por tanto, en momentos donde los precios limitan el acceso a la harina de pescado, hay que echar mano de cualquier otra que, bajo estrictos controles y garantías, se pueda usar. Y ni siquiera estamos hablando de harinas transgénicas como ocurre en otras industrias animales.

Pero el problema ahora pasa por la doble moral de las cadenas minoristas, capaces de aceptar un pescado producido en terceros países bajo condiciones que no se aceptan en Europa; y vetar los peces producidos bajo sistemas que si permite la legislación de la UE.

Los “retailers”, culpan al consumidor, y a que son estos los que tienen la última palabra para permitir, o no, en sus lineales peces alimentados con proteína animal terrestre. Sin embargo, la última palabra la tienen ellos, las cadenas minoristas; y peor aún, es una cuestión de cómo se quieren vender a los consumidores finales. No quieren salmón europeo alimentado con harinas animales terrestres, pero aceptan salmón producido con estas harinas en otros países extracomunitarios.

Dentro de cinco meses, en junio de 2013, los productores de piensos para peces podrán hacer uso de todo tipo de carne de cerdo y aves, siempre y cuando cumplan con los criterios de seguro para consumo humano. Otra cuestión será cómo adoptará la norma cada Estado Miembro, lo cual no parece que se haga de la misma manera en unos países u otros. Europe is different.

El déficit comercial pesquero español. Un argumento para apoyar la acuicultura

Un año más la diferencia entre exportaciones e importaciones se ha saldado de manera negativa para nuestro país, y esto es algo más que una cifra.

Frente a las 2.704,7 millones de euros en producto exportado se importaron 4.438,2 millones de toneladas, lo que supuso -1.733,4 millones de euros que se dejaron de producir en España en pescado y marisco.

Esta cifra representa además salida de capitales, pérdida de riqueza y generación de empleo. Una cantidad de millones de la que precisamente no estamos sobrados.

Y lo peor que esto ocurra teniendo lo más importante, que son el mercado y los conocimientos para hacer más acuicultura. Adeás, existen los fondos, los empresarios y el saber hacer.

¿No sería el momento de plantearse seriamente una estrategia gubernamental para producir más pescado y marisco?

El problema es que esta nefasta cifra se camufla dentro de otra altamente positiva. Al final oiremos que el sector de los Alimentos en España obtuvo un saldo positivo de 5.181,8 millones de euros de enero a noviembre.

Por lo tanto, hay que darle la vuelta a la cifra y convertirla en el mejor argumento para que se apoye la acuicultura española de una vez por todas y se pueda reducir esa brecha tan negativa y que tanto daño hace a nuestra débil economía.