Un poco sobre la historia de la anchoveta y la fabricación de harina y aceite de pescado

La captura industrial de anchoveta peruana comienza a ser una actividad de cierta relevancia en la década de los años cincuenta, coincidiendo con mejoras tecnológicas navales que permitieron una mayor capacidad pesquera.

Por aquel entonces la acuicultura industrial, tal y como la conocemos ahora, era inexistente o testimonial, y no ejercía demanda para este recurso.

Desde entonces y hasta nuestros días, el principal destino de la pesca de la anchoveta ha sido la fabricación de harina y aceite de pescado. Debido a la falta de atractivo para la población local, el destino para consumo humano directo siempre fue testimonial, en comparación al procesado industrial de este pescado.

Por aquel entonces, en 1955, en Perú se producían entre 15.000 y 16.000 toneladas a un precio que hoy más quisieran muchos encontrarse de 55 dólares USA la tonelada.

Al año siguiente, vistas las rentabilidades que se obtenían de este recurso, las capturas se habían duplicado en 32.000 toneladas métricas, tendencia que siguió al alza durante los años sucesivos. La acuicultura, por entonces, seguía en bajos volúmenes de producción por lo que no ejercía demanda en el recurso, cabe recordar.

Los beneficios de las empresas y las continuas mejoras en la capacidad extractiva de los barcos pesqueros; así como la abundancia del recurso permitieron la generación colateral de otros negocios como los astilleros, la industria metalmecánica, las fábricas de maquinaria especializada, de redes, de sacos de papel y polipropileno. Esto permitió a su vez la generación de empleo y riqueza para el conjunto de la sociedad peruana.

Ya en 1970 se produjeron capturas récord por 12 millones de toneladas que se tradujeron en 2,25 millones de toneladas de harina de pescado.

Al ser un recurso altamente dependiente de las condiciones oceanográficas, nadie esperaba que el primer gran crack se produjera 3 años después, en 1973, a consecuencia del evento El Niño y la sobrepesca que se venía ejerciendo sobre el recurso. Recordamos que todavía no había acuicultura.

Esta crisis provocó despidos masivos, quiebra de muchas empresas y el incremento de precios.

Con la reformulación del sector se tomó mayor conciencia de cómo se tenía que manejar ecosistémicamente un recurso tan importante para la economía peruana. Se dotó al IMARPE con capacidad científica para evaluar la explotación del recurso, se establecieron vedas y se reorganizó la capacidad pesquera del sector, en mayor o menor medida.

Por aquel entonces la harina y aceite de pescado se empleaban para la alimentación ganadera y de aves y el aceite también para la elaboración de pinturas. Ya había cierta demanda ejercida por la acuicultura, principalmente del salmón y algo de las especies Mediterráneas.

Hoy en día, con un mayor control sobre la capacidad máxima de explotación de la pesca de la anchoveta y con el crecimiento de la industria acuícola, se ha producido la diversificación de uso, no un aumento de las capturas.

Se puede considerar que actualmente la industria acuícola es hoy la que mayor demanda ejerce sobre este insumo y es ella la más interesada en preservar su capacidad de extracción debido a su dependencia para seguir creciendo.

La necesidad de disponibilidad de aceite de pescado es todavía mayor si cabe y se estima que la industria acuícola absorbe entre el 70 y el 90 por ciento de la producción.

Por todo esto que les hemos contado es importante saber que haya o no acuicultura, la anchoveta se seguirá pescando para alimentar pollos, cerdos o la industria que la demande. Lo importante es controlar que el recurso se mantenga a niveles estables, evitando que se produzcan episodios de volatilidad de precios, ya que esta desestabilización provoca a su vez un efecto en mariposa en el resto de la cadena de valor.